domingo, 27 de febrero de 2011

I'm not sweet, my dear

I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.
Soy mucho más
compleja,
completa.
También me enfado,
me cabreo,
me indigno,
algunas cosas me duelen.
I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.
No soy graciosa,
ni soy tu madre,
ni tu mono de feria,
ni tu pañuelo de lágrimas,
ni un saco de boxeo
en el que descargar tus frustraciones,
ni el cubo de la basura
en el que puedes echar tu mierda.
I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.
Si he llegado hasta aquí,
así,
como soy,
no es porque haya tenido suerte,
ni porque fuera el camino más fácil.
Al contrario.
Tengo el alma llena de cicatrices,
mi cuerpo también ha sufrido lo suyo.
Hay análisis de sangre que lo demuestran.
Todavía los guardo.
Todos.
Desde hace años.
Para no olvidar.
Para no olvidar(me).
I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.
Si me ves cantando,
bailando,
riendo(me) de todo,
transformándome
cuando menos te lo esperas,
reinventándome
cada día,
no es porque sea graciosa,
ni porque sea divertido.
Lo hago
por necesidad vital,
para no volverme loca.
Para romper el cristal
detrás del cual me has puesto
como si fuera una pieza de colección.
Quieres tenerme cerca,
pero no demasiado.
Te atraigo,
pero te doy miedo.
I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.
Por eso te pido,
te exijo
que
no minimices lo que hago,
no te quedes en la superficie,
no me infantilices.
No me voy a conformar
con menos,
ni voy a dar pasos hacia atrás.
Y si no te es posible,
al menos,
déjame en paz.
I'm not sweet.
I'm not (only) sweet.
I'm
    not
         fucking
                   sweet,
                            my dear.

jueves, 10 de febrero de 2011

De tazas y altares

Por fin
se rompió.
Y no me importó.
Es más, me alegré de ello.
Hasta que no sucede,
no te das cuenta de los altares que guardas.
En tu cabeza,
al lado de la cama,
colgados de la pared.
Y ahí permanecen, tercos.
Muchas veces ni siquiera los ves,
ni te das cuenta de que están ahí.
Pero están.
A veces piensas que los vas a cambiar de sitio,
que los vas a guardar,
a tirar.
Pero que pena, ¿no?
Una taza tan bonita...
Cuánto miedo a romper con el pasado.
Cuánta mierda
que te impide disfrutar el presente.
Hasta que un día,
disfrutando el presente,
va y se cae al suelo.
(Esta noche tiraré los trozos.
Porque el altar estaba tan bien construido,
que incluso pensé en pegarlos).